1892. "la extranjera ó la mujer misteriosa" ( Víctor Balaguer ).
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Lady Hester Stanhope ( de Vikipedia )
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( ... ) Montseny, de cuya cima se amparan las nieves y las nieblas...
( ... ) En cuanto al valle de Santa Fe es uno de los sitios más deliciosos del Montseny. Por allí discurren con placidez las aguas del río Gualba que va derechamente á precipitarse rugiendo en el Gorch Negre, para luego partir á grandes trancos hasta llegar al prodigioso Salt de Gualba, que es uno de los magnos esplendores de la montaña.
En el valle de Santa Fe hay praderas de verdor eterno, senderos que serpentean por debajo de bóvedas de follaje, torrentes que recogen la nieve de las alturas convertida en agua cristalina, sombrosas frondas en que nunca el sol penetra y en que se goza de encantadoras celistias... ( ... )
Junto al valle de Santa Fe está la cueva que fué morada de la penitente del Montseny, singular y misteriosa mujer que ha dado ocasión, no en verdad á una leyenda fantástica con personajes redivivos de siglos remotos, sino á una leyenda perfectamente humana, de nuestra época misma. He visto y he hablado á varios que conocieron á esa penitente, especie de Extranjera de Arlincourt. Todavía vive, y espero que viva aún largos años, la dama que conoció á esa mujer misteriosa y que me contó su historia, la cual reservo para mi tercera carta.
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V
Tercera carta al maestro.- La penitente del Montseny.- ...( )
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Sr. D. Fermín Alvarez
Casa Blanch en Arbucias, Julio de 1892.
La llamada Penitente del Montseny apareció repentinamente cierta noche, á tiempo que había estallado una gran tempestad, con lo cual ve Usted que la historia tiene todos los comienzos de una leyenda romántica. El hermitaño de Santa Fe regresaba de una de sus frecuentes correrías á los pueblos vecinos, y sorprendido por la tormenta apretaba el paso de su cabalgadura, cuando al cruzar por junto á una peña acertó á divisar, bajo el hueco de ella, á una mujer que ahí se había refugiado buscando su amparo para guarecerse de la lluvia.
Enteróse el ermitaño de que la desconocida llegaba al Montseny, como San Segismundo un día,en busca de una cueva donde hacer penitencia en cumplimiento de un voto. Llevósela aquella noche el ermitaño á su residencia de Santa Fe, y al día siguiente le señaló una cueva.
Allí estuvo por espacio de cinco ó siete años, en la época del 1834 al 1840 próximamente, durante la tremenda guerra civil que comenzó después de la muerte de Fernando VII hasta terminar con el convenio de Vergara.
Dormía vestida encima de unas tablas, y sólo comía pan, patatas, verduras y frutas. Llevaba siempre consigo, colgante de su cintura, un saquito de seda y en él un cráneo que besaba y abrazaba, postrándose ante él y rezándole. Debería tener sobre treinta años cuando apareció. Era alta, delgada, de hermosas facciones y de modales finos y aristocráticos. La noche que se presentó en la montaña, llevaba un vestido de seda, que continuó llevando siempre hasta desgarrarse y deslucirse con el uso. Hablaba muy poco, y siempre con gran reserva. Cantaba admirablemente romanzas en lengua italiana, pero sólo cuando se hallaba sola, internándose por las selvas donde permanecía á veces varios dias seguidos sin presentarse por su cueva. Los que de lejos la oyeron cantar decían que su voz era fresca y argentina, revelando maestría en el canto. Hablaba regularmente en castellano, pero con dificultad y con acento extranjero. En cuanto al catalán, lo hablaba muy mal, mezclando en su conversación palabras castellanas, catalanas y francesas.
Antes de ir al Montseny, la extranjera estuvo en el pueblo de Palau-Tordera, donde alquiló una casita y aposentó en ella dos mujeres del pueblo, que tomó por criadas, dándoles salario sólo para que cuidasen de la casa, conservando los muebles y unos cofres que trajo consigo y en que se dice que guardaba alhajas y ricas prendas de vestir. Algunas veces abandonaba su cueva del monte y aparecía en su casa de Palau-Tordera, pero era sólo por breves instantes, limitándose á ver si las criadas conservaban su ajuar, y regresaba enseguida al Montseny.
Otras veces desaparecía por algún tiempo. Abandonaba el monte y su cueva por temporadas más ó menos largas, sin que nadie supiera su paradero, y cuando menos se creía tornaba á presentarse para continuar su vida ascética y penitente, sus ayunos y vigilias en la cueva, sus adoraciones al cráneo misterioso, su completo apattamiento del mundo, sus vagabundas correrías por las selvas y sus cantos nocturnos en los bosques.
A comienzos de la guerra civil de los siete años las tropas liberales, creyéndola espía dl bando carlista, se la llevaron presa á Barcelona, donde tuvo una entrevista con el que era entonces capitán general del Principado, quien la trató con mucha consideración y respeto, poniéndola en libertad inmediatamente, y volviéndose ella entonces á su montaña.
Cuentan también que una vez hizo un viaje al Montseny una persona, desconocida en el país, que parecía ser de gran distinción, sólo para hablar con aquella mujer misteriosa, llegando á tiempo en que la penitente se había ausentado y desaparecido por una temporada, como a veces ocurría. No encontrándola en su cueva, el desconocido viajero trazó con un punzón ciertas letras ó cierta palabra en el tronco de un haya que se alzaba vecina a su morada; pero al regresar la penitente, al enterarse por el ermitaño de Santa Fe de lo que había ocurrido, y al leer la palabra en el tronco, mandó cortar el haya haciendo una hoguera con su tronco y con sus ramas.
Se llamaba aquella mujer, ó se hacía llamar Bernardina Flores, pero evidentemente no era este su nombre, siendo general la opinión de que era una dama extranjera.
Durante toda la época de la guerra civil estuvo en su cueva del Montseny. Más tarde, anunciando que había ya terminado el tiempo de su penitencia, abandonó la cueva, puso albarán en el balcón de su casa de Palau-Tordera, despidió á las criadas que en ella tenía, y dicen que se retiró á San Justo Desvern, donde alquiló, compró ó mandó edificar una casa que tenía algo de señorial y de castillo, en la que vivió recoleta, sola con una criada.
Ota versión me dieron también respecto á su partida del Montseny. Una persona de esta comarca, que trató de averiguar la vida y la historia de aquella extraña mujer, después de reunir ciertos antecedentes, aglomerar datos y consultar fechas, llegó a adquirir la convicción, según me dijo, de que pudiera ser aquella misma misteriosa Lady inglesa de quien habla Lamartine en sus Viajes á Oriente, y de quien cuenta que estuvo algunos años en España, retraída en la cueva de un monte.
Es cuanto pude averiguar acerca de La extranjera ó la mujer misteriosa, como hubiera dicho en sus tiempos el vizconde de Arlincourt, la penitente del Montseny, como la llaman en el país. 
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Víctor Balaguer
Al pie de la encina. Historias, tradiciones y recuerdos.
El Progreso Editorial. Madrid, 1893.
( pp. 3, i 59 a 69 )
















